Presentación del libro “Ricos y Pobres”
Entregamos a ustedes las intervenciones realizadas en la presentación del libro “Ricos y Pobres” de Luís Emilio Recabarren, organizado por la Fundación Gladys Marín en el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz el día martes 6 de julio con motivo del 134 Aniversario del Natalicio de Luís Emilio Recabarren y que contó con la participación de Jorge Murúa, consejero nacional suplente de la CUT y dirigente de la CONSTRAMET y Claudio De Negri, periodista y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile. Veo en este libro es lo mismo que siento como trabajador Intervención del dirigente sindical, Jorge Murúa en presentación del libro “Ricos y Pobre” de Luís Emilio Recabarren. Para mí, como dirigente sindical hablar de Luís Emilio Recabarren, es hablar de mi padre; el padre que nos guía, el padre que nos enseña, y que dejó huella en nosotros, los trabajadores. Para un dirigente de la CUT y de una organización intermedia como la CONSTRAMET, lo que nos dejó el compañero Recabarren a los trabajadores organizados da cuenta de lo que vivimos en este país. Para mucha gente que pasa por el edificio que está en Alameda 1346, afuera ni siquiera hay una placa que diga que allí está la CUT. Pero esa CUT, que a lo mejor se ve debilitada por los daños que causó el terremoto, qué es lo que la hace fuerte, que los patrones y sus camaradas políticos que están hoy gobernando, le tengan tanto temor. Ahí uno tiene que recordar que la CUT es algo así como la organización política, como es el Partido Comunista de Chile. Es la historia la que la hace poderosa, que la hace ser un claro referente de la clase trabajadora. En este libro que relata hace cien años lo mismo que señaló el compañero Guillermo Teillier en su presentación, muy clarificadora de que aquí la independencia de este país fue para la clase explotadora a través de la conquista de la Administración del Estado. Y clarifica en una forma excepcional el compañero Recabarren todas las penurias que vivieron aquellos esclavos, el pueblo, aquella clase a la que no le sirvió absolutamente de nada esta independencia. La mirada crítica que plantea este libro es la misma mirada crítica que plantea el presidente del Partido Comunista. Lo que yo veo en este libro es lo mismo que siento como trabajador. Y todos estos eventos que nos presentan en la televisión, llenos de jolgorio y de que los pocos recursos los gastemos en la fiesta del Bicentenario. Choca la concepción que nosotros tenemos como clase de una fiesta que no nos pertenece, que no nos corresponde, con otra cultura que han instalado en el pueblo de un cierto patriotismo, nacido de esta separación de la República de la monarquía española. Pero leyendo este libro, encontramos que en la época actual estamos en exactamente la misma situación. Los trabajadores que van a la lucha, a enfrentar al capitalista, se encuentran con que el siguiente paso de votar la huelga es caer presos. Lo que vivió Recabarren hoy lo estamos viviendo muchos trabajadores, que por enfrentar al modelo y demandar que el salario no sólo sea fuente de sobrevivencia, sino de poder participar de la riqueza que cada día se lleva el empleador, que es a la vez nuestra riqueza. Hemos tenido ciertos avances, pero finalmente la clase conquistadora del capitalista nos deja a fojas cero y nos vuelve a imponer un modelo que es contrario a los intereses de los trabajadores, que queremos una patria libre como la soñó Recabarren, que es aquella que nos da el hogar y la libertad. Los trabajadores construimos grandes mansiones, pero nosotros vivimos en mediaguas, en casas que se caen con la lluvia o un terremoto. Esa es la realidad que tenemos como trabajadores, y en esas condiciones planteamos nuestra crítica a la clase patronal. Yo resumiría en muy pocas palabras lo que expresaba el compañero Recabarren, que tiene una enorme actualidad, y que habla de nuestra emancipación: “La fecha gloriosa de la emancipación del pueblo no ha sonado aún. Las clases populares viven todavía esclavas, encadenadas en el orden económico con la cadena del salario, que es su miseria, y en el orden político, con la cadena del cohecho -a lo que podríamos actualizar con el binominal-, el fraude y la intervención, que anula toda expresión en el orden popular y social con la cadena de la ignorancia y de sus vicios, que la anulan para ser consideradas útiles para la sociedad en que vivimos”. Incluso uno no podría vivir la vida que el compañero nos plantea desde el punto de vista de la debacle moral que existía y los mecanismos de restricción que plantea a los trabajadores para superar la ignorancia. El plantea el problema de la compra de votos, del cohecho. Y hoy nuestro pueblo sabe leer y escribir, pero vemos los resultados electorales y nos damos cuenta de que ocurre lo mismo que en esos años. Todo el sistema político, social y económico está diseñado para que los trabajadores no tengamos acceso a disputar el poder. Y en este minuto estamos viviendo la forma en que se asienta un gobierno que nos está arrinconando en una situación que no habíamos visto hace mucho tiempo, aunque sabíamos que estaban sentadas las bases en los últimos veinte años, donde los trabajadores no conocen sus derechos. Llegan a la CUT pensando que ahí les van a resolver algo que ellos no han podido resolver por la precariedad de su organización. El Código del Trabajo deja a los trabajadores con sus derechos conculcados y el patrón se las lleva gratis. Entonces, el desafío para superar esta época que estamos viviendo los trabajadores, es comprender que este libro es un gran aporte, con todos los libros que en otra oportunidad hemos presentado, como la proyección de la acción sindical, también de Luís Emilio Recabarren, sobre la lucha sindical, que cualquier sindicalista debiera leer antes incluso que el Código del Trabajo, porque es la guía que necesitamos para entender y saber trabajar con el sindicato, que es la herramienta con la que los trabajadores vamos a mejorar nuestras condiciones de vida. Pero no sólo con eso. Recabarren nos enseñó que también es necesaria la herramienta política, y yo felizmente tengo la virtud, como obrero metalúrgico, de ser militante comunista, con mucho orgullo, porque el movimiento de los trabajadores está ligado a la lucha política y a esas dos herramientas. Y cuando uno lee la historia de Recabarren y mira su propia vivencia, uno se da cuenta de que estos son los dos elementos principales que requiere el trabajador para los cambios sociales y políticos de la nación. Aquí vamos de la mano los sindicalistas con el partido político de los trabajadores. No es que tengamos un punto de vista sectario, hoy tenemos más partidos en construcción que están vinculados a la lucha de los trabajadores, y con ellos también estamos en esta misma lucha. Pero si queremos sentirnos orgullosos de algo, es que la obra de Luís Emilio Recabarren se resume en las organizaciones políticas y sindicales que hoy día existen. Esta es mi mirada, y como decía antes, un obrero tiene que rendirle homenaje a su padre, y yo en esta ocasión le escribí un texto al compañero que dice: RICOS Y POBRES “Del árbol con más hojas el socialismo germinó y en cada hoja del mundo la lucha de clases declaró” “El árbol con más hojas de sus ramas vio nacer ideas que los obrero defendieron al caer” “A ese árbol con más hojas ni con cárcel, ni concilio borrarán tu nombre Luis Emilio de apellido Recabarren porque barren con sentido este árbol y su hojal se te oyen fuerte en el Ical” Ricos y pobres. Una mirada cien años después de Recabarren. * Quiero sumarme a la valoración de esta iniciativa, que responde a un momento muy especial de nuestra historia. Estamos al borde de la conmemoración del Bicentenario de la República y ha surgido un gran debate, que se extiende a todos los sectores de la sociedad, acerca de nuestra historia particularmente durante el siglo XX y sus efectos en la actualidad. Este libro de Luís Emilio Recabarren que relanzamos esta tarde -“Ricos y pobres al cabo de cien años de vida republicana”-, es la transcripción de la conferencia que él ofreció el 3 de septiembre de 1910 en una sede del Partido Radical en Rengo, días después de salir de la cárcel por una de tantas persecuciones que debió enfrentar durante su vida. Lo que le da la vigencia a lo que él señaló allí, es la claridad con la que aborda asuntos que en nuestros días, cien años más tarde, se encuentran en el centro del debate ideológico acerca de lo que somos como sociedad, de dónde venimos y para dónde vamos. Esta conferencia de Recabarren nos permite plantearnos una reflexión profunda acerca de cuánto ha cambiado nuestra sociedad desde esa fecha y qué vigencia tienen en la actualidad los planteamientos del fundador del movimiento obrero chileno y del Partido Comunista. También en Colombia, México y Argentina se ha desatado el debate similar, porque esos países también cumplen doscientos años de su independencia, de modo que no somos los únicos que nos encontramos frente a estos debates, aunque cada uno lo hace de acuerdo a sus propias particularidades. El Bicentenario es un hecho del que nosotros no podemos quedar ausentes. En Chile, la iglesia católica formó una comisión destinada al Bicentenario; también lo hicieron el Gobierno, las universidades, las Fuerzas Armadas, el gran empresariado, los medios de comunicación y diversas universidades. No es una situación casual. En todos esos sectores existe conciencia de la necesidad de evaluar qué es lo que ha ocurrido en estos 200 años para proyectar su visión acerca de los destinos que debiera tomar nuestra sociedad. En ese marco, los diferentes sectores trazan las líneas de análisis necesarias para velar por el futuro de sus intereses y, por qué no decirlo, visualizar las amenazas para sus proyectos. En líneas generales, una primera conclusión es que cuanto tenemos de democracia hasta hoy, ha sido el resultado en primer lugar de la lucha de los trabajadores, como el principal protagonista de la historia democrática y republicana del Chile, particularmente en el siglo XX. Un período, no una fecha En nuestro país, esta actividad de hoy tiene un marco múltiple. De una parte está la conmemoración del Bicentenario, que debiera incluir los siglos de resistencia del pueblo mapuche, cómo se ha legislado acerca de sus derechos, asuntos que también están presentes en el pensamiento de Recabarren. Adicionalmente, el Partido Comunista el año 2012 cumple cien años de vida y de lucha, y éste es el año en el que los comunistas realizaremos nuestro Congreso Nacional, en el que estarán especialmente presentes estas reflexiones. Estos hechos enmarcan todo un período, no es sólo una fecha que se pueda limitar a la realización de algunos actos o un evento. Ese período se refiere a un momento político, que abarca desde estos días hasta el año 2012. Tampoco se trata de una fecha interna, porque el Partido Comunista es inseparable de esta historia que surge con Recabarren, donde nuestro país fue un referente para el debate de la izquierda y los trabajadores a nivel internacional. En Chile, España y Francia se materializó la experiencia del Frente Popular; acá se desarrolló la denominada vía chilena hacia el socialismo, que inspiró al gobierno a la Unidad Popular; nuestro país fue el laboratorio o conejillo de indias para la implementación del neoliberalismo, que ahora se aplica a escala global; la dictadura de Pinochet y la lucha del pueblo chileno por recuperar la democracia fue una causa emblemática o referencial en todo el mundo. De este modo, hay una cantidad de hechos de inmenso valor no solamente para nosotros, sino para el movimiento revolucionario, para los sectores democráticos y la izquierda a nivel internacional. Esta es una verdadera escuela de análisis de la historia, mirada desde el contexto latinoamericano, que también tuvo Recabarren. Tres pilares de la emancipación Hoy nos detenemos sobre la vigencia de lo que él planteó cuando la República cumplía cien años. Allí él destaca la paradoja de que los trabajadores españoles, pese a que en ese momento vivían bajo una monarquía, en muchos aspectos se encontraban en mejores condiciones de vida que los trabajadores chilenos, que vivían en una República. Recabarren plantea, por primera vez en nuestro país, una interpretación más estructurada de la historia basada en la teoría de la lucha de clases. Y lo hace estableciendo una relación, propia de una visión marxista, de la lucha reivindicativa, la lucha política y la lucha ideológica. El distingue la etapa en que los trabajadores levantan sus reivindicaciones específicas de mejores condiciones de vida, y aquellas en las que comprenden la necesidad de contar con un instrumento político, con un partido para luchar por la conquista del poder, de la institucionalidad del Estado y el desarrollo de un proyecto de sociedad. Estos tres niveles de la lucha de clases -reivindicativa, política e ideológica-, se desarrollan en forma ascendente y están estrechamente relacionadas una con la otra. Recabarren ya lo concebía así. No son pocos los casos en que hemos visto que se desarrollan grandes movilizaciones de carácter reivindicativo, pero que más tarde no se expresan en las elecciones a la hora de adoptar una posición política, y muchos de los trabajadores que antes se movilizaron contra la injusticia de la que son víctimas, terminan votando por candidatos que no expresan sus intereses de clase. En la conferencia reproducida en este libro, Recabarren separa los capítulos para abordar estos tres planos en forma particular y complementaria. No plantea sólo la superación de las condiciones de vida, sino también la construcción de una organización política, de un partido, y lo que él llama “la emancipación y la superación intelectual del proletariado” para desarrollar una concepción de mundo más amplia, que se refiera al carácter del Estado y la sociedad que los trabajadores deben construir. Esta mirada, está plenamente vigente. Fundación del POS Leal a sus convicciones, en 1912 Luís Emilio Recabarren funda, junto a una treintena de obreros y empleados, el Partido Obrero Socialista, que años más tarde adoptaría el nombre de Partido Comunista de Chile y que fue el pilar de la fundación de la Federación Obrera de Chile en 1916, organización que en 1922 alcanzó a registrar 140 mil afiliados, hasta que fue proscrita por la dictadura de Ibáñez en 1931. El programa del POS, redactado por Recabarren, señala como el fin de sus aspiraciones “la emancipación total de la Humanidad, aboliendo las diferencias de clases y convirtiendo a todos en una sola clase de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes, y la implantación de un régimen en que la producción sea un factor común y también el goce de sus productos”. Así empezó a desarrollarse la conciencia. El relaciona al sindicato, la Federación Obrera, el partido y su programa, con el desarrollo de la conciencia de clase, y no entiende a esta última como un proceso solamente individual. Comprende que la conciencia, el sindicato y el partido son inseparables. La historia desde una mirada de clase “Ricos y pobres al cabo de cien años de vida republicana”, entonces, es una conferencia que establece, por primera vez, que existe más de una interpretación de nuestra historia. Hasta 1910, la historia era escrita desde concepciones conservadoras que no se planteaban el análisis en base a la lucha de clases, a la explotación del hombre por el hombre. Eso es lo sustantivo que se nos presenta en esta conferencia, cuando él dice que tenemos una república, pero los trabajadores aún no alcanzan su emancipación. Allí, él separa los intereses de la oligarquía con los del proletariado. Es lo que hoy muchos refieren como el cautiverio del pensamiento único, que en nuestros días se impone a escala mundial, y ciertamente también se presenta en Chile. Un ejemplo dramático: cuando Alejandro Foxley era ministro, un periodista le preguntó acerca de la relación de la economía socialista con la capitalista. La respuesta fue que ya se acabó esto de economía socialista y la economía capitalista, porque en los tiempos actuales la economía es una sola, y es la que se estaba aplicando en nuestro país. Es una vuelta a lo mismo que criticaba Recabarren. Hoy todos somos testigos del control de los medios de comunicación ejercido por la derecha y los grupos económicos, los argumentos de diputados de derecha que protestan porque “se está politizando el debate” sobre los problemas del país, porque a fin de cuentas todos somos chilenos. Ya antes la dictadura se encargó de prohibir por la fuerza bruta la política al interior de los sindicatos y las organizaciones sociales, y Pinochet acuñó personalmente la alusión a “los señores políticos”. “No me politicen la discusión”, dicen todos ellos, imponiendo la idea de que la Humanidad no tiene más destino que vivir como actualmente vive; que no hay posibilidad de construir una sociedad diferente, de transformación. Esa misma postura ideológica es la que ha difundido la idea del pragmatismo, término eufemísticamente utilizado para imponer la despolitización y la desideologización, para despojar al pueblo de su capacidad de concebir y luchar por una causa justa. Contrariamente, el objetivo de la transformación es la génesis con la que la izquierda madura a través de la historia en Chile, porque la izquierda está asociada con la idea de la revolución, y revolución significa cambio, giro. Esto se puede cambiar y ser de otra manera. Es también lo que está presente en los tres capítulos de este libro de Recabarren. Más aun, antes de Recabarren, ya los sectores liberales concibieron a la Independencia como una revolución. En Estados Unidos, la guerra de independencia (1775 – 1783), cuando las colonias británicas se enfrentaron a Gran Bretaña, se concibió a sí misma como una revolución, inspirada en la igualdad y la libertad. En nuestro país, grandes próceres como Diego Barros Arana, Benjamín Vicuña Mackenna, Francisco Bilbao o Santiago Arcos, enarbolaron la bandera de la revolución como expresión de la transformación para la emancipación y el progreso. Distribución de la riqueza Recabarren compara a proletarios y burgueses, y tiene un conocimiento certero de la realidad política, económica y social. Cito: “alguien podrá decir que el trabajador ha tocado su parte en la producción de esta riqueza -tal como hoy, reinaba el discursito de que vamos a ser un país desarrollado, que se ha producido tanta riqueza-, considerando tal el salario. Y lo niego terminantemente. El salario no es participación de la riqueza producida, es apenas el salario un medio para conservar algún tiempo la vida del productor y por lo tanto la fuerza productiva. El dinero invertido en conservar la fuerza productiva es lo mismo que si fuera empleado en materiales. Luego, no puede llamarse al salario participación de la producción. El salario es para el obrero lo que es el aceite para las máquinas, el salario es el aceite de la máquina humana y nada más”. Aquí Recabarren está utilizando categorías marxistas, habla de fuerzas productivas, de la fuerza de trabajo, y eso está tomado de El Capital, y es primera vez que en Chile se habla en estos términos. Esa es la concepción que hasta entonces no había sido planteada. La lucha por la conciencia Luego de establecer que no somos todos lo mismo, sino que la sociedad está ordenada en base a la relación de proletarios y burgueses, él aborda la lucha del proletariado en los planos reivindicativo, político e ideológico que antes mencionábamos, y partía de la base de que si uno de ellos se rezagaba, el conjunto del proceso quedaría inconcluso. Esa es también una consideración sustantiva de la teoría marxista. Más tarde hemos tenido ejemplos muy gráficos del valor de esta afirmación. Vimos cómo en la Unión Soviética, con todo el poderío del Ejército Rojo y el crecimiento económico alcanzado, cuando se estancó el desarrollo de la conciencia, cuando se debilitó el desarrollo ideológico y cultural del mismo pueblo que levantó ese proceso, el gigante se desplomó. Después de que 24 millones de soviéticos entregaron su vida sin vacilar en la lucha contra el fascismo; de las enormes hazañas realizadas por esos millones de obreros y campesinos que construyeron líneas férreas, embalses y tantas obras gigantescas en las condiciones más adversas; cercados por el hambre, el aislamiento económico y el frío; todo se desplomó sin disparar un solo tiro; y eso fue porque se debilitó la conciencia, se debilitó la fuerza de las ideas, de las convicciones. No estamos hablando aquí de la ideología como un asunto de la academia, reservado para una elite. En realidad, siempre los pueblos tienen una ideología que se expresa en su cultura, en su forma de entender la vida. Lo que ocurre, es que en nuestro país actual o en el que vivió Recabarren, la ideología ha sido impuesta desde la clase dominante, y la han hecho sentido común. El individualismo, el fetiche de que lo único que importa en la vida es la acumulación de poder individual y de bienes materiales, del desprecio por los pueblos originarios, de que cada uno debe luchar solo contra el mundo y ver a sus pares como competidores, forma parte de la ideología de la dominación, aunque quienes viven de acuerdo a sus reglas no se percaten de ello. Recabarren aborda la necesidad de la conciencia de clase, lo que Lenin refirió como conciencia de clase “para sí”. Porque una cosa es reunir las condiciones objetivas propias de una clase “en sí”, y otra distinta es cuando los trabajadores adquieren conciencia de que son una clase y que deben actuar como tales en la defensa de sus propios intereses. Entonces evolucionan y se convierten en clase “para sí”. Cuando el trabajador adquiere la conciencia de su condición de tal, entonces está en condiciones de plantearse la necesidad de luchar por la construcción de una sociedad basada en la satisfacción de las necesidades de la mayoría, y no de los intereses de la oligarquía. Recabarren ofrece esta conferencia tres años después de la matanza de la Escuela Santa María en Iquique, y a un par de años de fundar el Partido Obrero Socialista, también en Iquique, en 1912, como antes mencionábamos. En ese marco es que sostiene que el proletariado no tiene mucho que celebrar y plantea la necesidad de que adquiera la conciencia de que se requiere construir una sociedad diferente, donde el ser humano sea quien está en el centro. Considerando estos elementos, podemos comprender la casi obsesión que Recabarren tiene por la cultura y el efecto de ésta en el desarrollo de la conciencia. En la pampa salitrera él se encuentra ante sectores dispersos, muchos de ellos campesinos que habían sido “enganchados” para llevarlos a trabajar en la minería. Venían de distintos lugares, incluso de otros países o desde las zonas agrarias del sur, con tradiciones distintas, pero todos en general habían sido brutalmente golpeados por la vida y la falta de oportunidades, por el alcoholismo, por las paupérrimas condiciones de vida y el analfabetismo. También se refiere reiteradamente a las condiciones de vida del proletariado de las urbes, que vivía hacinado en los conventillos. De aquí que plantee con tanta vehemencia la lucha contra “el vicio y la ignorancia”. Recabarren entendía que un proletariado en esas condiciones, nunca se lograría emancipar y ni siquiera pensar en ello. Fundó múltiples periódicos y formó a una generación de reporteros y cronistas obreros, organizó la alfabetización, constituyó grupos de teatro y escribió obras que reflejaban la vida proletaria -una de ellas es “Desdicha obrera”-, creó orquestas sinfónicas. El mismo fue también actor e impulsó a los obreros a escribir y actuar sus obras para representar su propia visión de la vida, de la historia y del futuro. Tenía la convicción de que por esa vía esos reporteros, escritores, cronistas, actores y músicos proletarios, desarrollarían su conciencia; harían su reflexión propia que los llevaría a cuestionarse y luego formarse una opinión propia acerca de la realidad que estaban viviendo. Por esta vía pasarían, de ser espectadores pasivos y susceptibles de la manipulación de la clase dominante, a convertirse en verdaderos protagonistas de la lucha por una sociedad diferente. ¡No vayas a ver cómo otro te cuenta lo que ha sido la República....Cuenta tú mismo cómo la ves desde tu realidad y opina cómo cambiamos esta historia!, les decía con esas acciones. Esto mantiene plena vigencia en nuestros días. Cuando subimos al Metro, nos encontramos con una multitud de personas conectadas a sus audífonos, la mayoría de las veces escuchando reaggeton o reproduciendo toda la cultura dominante. Viven en el día a día, sumidos en una cotidianidad que les impide visualizar un horizonte más allá de una existencia individual e inmediata, frecuentemente reducida cercada por la precariedad, la inmediatez y el temor. ¡Cómo me aseguro de que no me roben! ¡Qué voy a hacer si me quedo sin trabajo! ¡Cómo pago las deudas, el arriendo o el dividendo! Emancipación moral y social Recabarren hace un gran recorrido como dirigente obrero antes de 1910. Tenía la herencia democrática y republicana, había ingresado a los 18 años al Partido Democrático y se había nutrido de distintas vertientes: la literatura anarquista, el socialismo utópico y su experiencia política nacional. Asume que los progresos no han sido para todos. Tiene presente el problema de la exclusión, que hoy ha alcanzado otras formas, pero en lo sustantivo no son tan distintas. Hoy también la participación en la definición de los destinos de la sociedad está muy restringida. Todos los que estamos aquí lo tenemos muy claro. En esa perspectiva, él habla de que la mayoría de la población no tiene mucho que celebrar. Habla de las “miserias olvidadas”, de “la necesidad de la emancipación moral y social del pueblo”. En otros escritos de la época se refiere al socialismo como “un sentimiento de justicia moral”. Siempre insiste en los aspectos de la subjetividad, de la formación de los valores morales del proletariado, porque sin ellos no existirán la solidaridad, la valoración de la justicia, la resistencia a la degradación del ser humano, la lealtad del proletario con sus compañeros de clase. Combate al apoliticismo, el individualismo y la ignorancia. ¡Qué valiosos estos conceptos en nuestros días, cuando la cultura dominante fomenta con todo su peso la crisis valórica en los trabajadores y los sectores más humildes! De modo contrario, la derecha no habría llegado al gobierno, no habría los niveles de abstención actuales y el 51 por ciento de los electores no habría votado por Piñera. La burguesía no tiene moral Recabarren afirma que la burguesía “carece de moralidad” y que lo único que la identifica es su ambición desmedida. También caracteriza lo que denomina los sectores más bajos: “sin progreso social y sumidos en el vicio”, dice. “La pobreza extrema impide todo progreso”, sostiene. Habla de la cárcel y el conventillo como “escuelas del crimen”. En él está a flor de piel el imperativo de sacar al proletariado de la marginalidad y las condiciones de vida infrahumanas, porque desde allí se torna muy difícil llegar a concebir un proyecto de sociedad distinta. Siempre consideró que la ignorancia y la degradación humana son los principales aliados del sometimiento, la explotación y la injusticia. En el Chile de hoy se ha masificado el uso de los celulares, los MP4 y los plasmas, pero tras esas apariencias se ocultan otras formas de sometimiento. El analfabetismo funcional afecta a cerca del 80 por ciento de la población, en diferentes grados. Eso significa que la mayoría de la población no entiende lo que lee. Ve televisión todos los días, pero no por ello entiende lo que pasa en el mundo. Y lo más grave, es que le hacen creer que está informada. Son otras formas de dominación. Después de esos grandes próceres que tuvimos en nuestro país, que sembraron la idea de que gobernar es educar y surcaron el camino para que la educación pública chilena fuera un modelo en América Latina, un sistema que se inspiraba en formar ciudadanos, gente instruida y capaz de formarse una opinión propia, que discutía acerca de lo que ocurría en el mundo, esto refleja un retroceso brutal. Una profesora me contaba que hizo un ejercicio de lenguaje con niños de 7º Básico de una escuela municipal: les pidió que escribieran una idea en una o dos líneas, y que en las diez líneas siguientes la fundamentaran. Sólo un alumno logró cumplir el objetivo. Son niños que en muchos casos vienen de hogares donde hay hacinamiento, con la TV encendida todo el día, donde a menudo se han extendido el alcoholismo y la violencia intrafamiliar. Muchos de ellos viven en barrios invadidos por el narcotráfico y la marginalidad, con un entorno violentado a diario por la sociedad, en un grupo familiar que tiene dificultades para expresar una idea de mínima complejidad y donde cada día se conversa menos. Hace cien años Recabarren hablaba de otro grupo social, compuesto por obreros calificados, profesionales y comerciantes. A ellos les asigna un papel diferente, y distingue al obrero organizado, con mayor cultura y calificación, del analfabeto sumido en la marginalidad. El no limitaba la acepción del proletariado sólo a aquellos mineros que trabajaban de sol a sol, picota en mano, sino que plantea una visión más amplia, que se extiende a todos aquellos que crean la riqueza material, cultural e intelectual y venden su fuerza de trabajo. Allí están incorporados sectores como el profesorado, los artistas, profesionales y otros. Esto también adquiere importancia en nuestros días, porque hay sectores que planteaban que sería positivo tener un gobierno de derecha “para que se agudicen las contradicciones.” Esa no era la idea de Recabarren, y tenía toda la razón. Hoy somos testigos de cómo, en las poblaciones que años atrás fueron bastiones de la lucha contra la dictadura, ha penetrado sistemáticamente el narcotráfico y se han erosionado las organizaciones sociales, se ha multiplicado el individualismo y han avanzado el cohecho y el clientelismo. Son elementos estructurales que Recabarren ya advertía hace cien años. También caracteriza al arribismo “de aquellos que han ganado un poco en el aspecto social y son la clase más esclavizada al qué dirán, a las aspiraciones superficiales de grandeza y al brillo falso”. ¿Quién no ha visto a pobladores modestos, que ganan el salario mínimo, pero que dicen “nosotros, la clase media”?. Ahora, el Gobierno ha colocado de moda hablar de los “emprendedores”. Sindicalismo con partido Recabarren habla de un rasgo distintivo del proletariado como una clase que, en la medida que adquiere conciencia de sí misma, tiene la capacidad y la necesidad de conformar su organización social y política. El compañero Murúa recién se refería a la necesidad de los trabajadores de organizar, además del sindicato, su organización política. Esa es una idea matriz de Recabarren, y por eso es tan importante clarificar a esos sectores que corean esto de que “el pueblo unido avanza sin partido”. Es una escuela distinta, que dio origen a lo que los trabajadores conquistaron en sus luchas de todo el siglo pasado. Antes levantaron mancomunales, sociedades de resistencia, organizaron seminarios, sociedades de recreo, publicaciones, pero su obra máxima fue la formación de la FOCH y de su propio partido. Es necesario, decía él, “convencer a los trabajadores de que son un gran poder, como no hay otro, pero que la fuerza de su poder reside en la organización”. En Recabarren encontramos la comprensión de la necesidad de la disputa por la conquista de la institucionalidad del Estado, porque de otra manera no será posible levantar un proyecto distinto de sociedad. Entonces, en los tres capítulos él establece una relación permanente entre el progreso intelectual del proletariado como el paso indispensable para su emancipación social y política, que no se dará producto de la casualidad. Utopía y capacidad de transformación En la perspectiva de la toma de conciencia, de la posibilidad de plantearse la vida más allá de lo cotidiano, del obrero que era pagado con fichas de la pulpería y trabajaba de sol a sol, el dice “Hoy, cuando el hombre ha hecho hablar a los fierros -se refiere al fonógrafo-, cuando transmite la palabra sin alambre a través del espacio, cuando domina el aire con máquinas voladoras, nadie tiene razón o base para declarar utopías o imposibles los ideales de perfeccionamiento social”. Esa es la utopía que mantiene toda su vigencia en este segundo centenario, porque la obra humana ha acrecentado su capacidad transformadora, y en esa misma medida dispone de las fuerzas para transformar la sociedad, su propia realidad, en la medida que llega a comprender las causas que la determinan. En esta conferencia no menciona la palabra socialismo. Lo hace en otros artículos posteriores, pero dice: “Compañeras y compañeros, hagamos votos y a la vez usemos grandes esfuerzos para que el segundo siglo de esta república sea una era sin interrupción de los verdaderos progresos morales que eleven grado a grado el valor y la dignidad del....que formamos esta comunidad, hasta llegar a un estado de plena perfección, donde haya desaparecido todo vestigio de inmoralidad, todo sedimento de injusticia y sin dolorosas transiciones lleguemos a vivir en un verdadero estado de felicidad y amor”. Para él, el socialismo era felicidad y amor. También en esas palabras nos da una cierta visión de las vías y formas que visualizaba para la transformación de la sociedad, ideas que posteriormente fueron evolucionando. Podríamos situar a Recabarren junto a José Carlos Mariátegui y Julio Antonio Mella. Son los forjadores del movimiento obrero inspirado en lo que después se denominó el socialismo científico en América Latina y el Caribe. Mariátegui decía “no queremos que el socialismo sea en América Latina calco y copia, debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, al socialismo indoamericano”. Interesante tenerlo presente hoy día, cuando vemos los procesos de Bolivia y Ecuador. Recabarren también se plantea la reflexión del socialismo a partir de nuestra propia realidad. Actualmente, medios de comunicación como El Mercurio despliegan denodados empeños por dar espacio a personas que sostienen que el papel desplegado por el movimiento obrero en todo el siglo pasado es un mito, por destruir todo este legado e imponernos otras visiones. Lo concreto es que el legado de Luís Emilio Recabarren y la historia del movimiento obrero y del Partido Comunista, son inseparables, y cuanto hubo de avances democráticos en nuestra sociedad del siglo XX, siempre tuvo una relación con la lucha y el desarrollo del movimiento obrero y su presencia en el mundo político. Vigencia después de su muerte Después de la muerte de Recabarren en 1924, el movimiento de los trabajadores tuvo avances y retrocesos. El Estado de Bienestar que levantó Arturo Alessandri, en gran medida fue una respuesta para atenuar la fuerza que alcanzaban las demandas de los trabajadores. Ellas están presentes en la Constitución Política de 1925, en la conquista del derecho a voto para todos, en la instauración del derecho a silla de los trabajadores del comercio, en el establecimiento de la jornada de 8 horas de trabajo, en las tomas de terrenos que reivindicaron el derecho a una vivienda digna, en los derechos de la mujer, en el reconocimiento del rol del Estado en la construcción de una república para todos , en la creación de la Corfo, en la proclamación de la “Revolución en Libertad” que planteaba Eduardo Frei, en la Reforma Agraria, entre muchos otros hitos que han determinado nuestra historia como nación. Pero sin duda, el punto más alto se alcanza con la conquista del Gobierno Popular de Salvador Allende. En materia de organización y las formas de participación política, con la formación de la Foch, del Partido Comunista y del Partido Socialista, que en su origen se define como partido de clase, en la creación del FRAP y del Frente Popular, de la CTCH, de la CUT, en la histórica lucha de la izquierda por la unidad de los trabajadores, encontramos la huella de este legado. Todo esto recibió como respuestas el propio golpe de 1973, la represión de González Videla, la matanza de la Escuela Santa María y las de San Gregorio el 21, Curanilahue, el Zanjón de la Aguada, Petorca, La Coruña 25, Lonquimay el 34, Plaza Bulnes el 46, El salvador el 65, Pampa Irigoyen el 69, entre tantas. Estas no son reacciones casuales, son respuesta a la lucha emancipatoria inspirada en el ideario que Recabarren nos dejó, y que tiene particular vigencia en nuestros días. * Versión taquigráfica de la intervención del periodista Claudio De Negri el 6 de junio de 2010 en el relanzamiento del libro con la conferencia “Ricos y pobres al cabo de cien años de vida republicana”, ofrecida por Luís Emilio Recabarren en 1910, con motivo del centenario del nacimiento de la República. |